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domingo, 2 de mayo de 2010

Clase Media, Otra Vez

En Página 12 de hoy, José Natanson (aquí) reflexiona sobre el aparente abandono de toda estrategia, por parte del kirchnerismo, para seducir a la clase media.

A partir de un par de encuestas a las que referencia (y a la sensación térmica, podría agregarse) ubica nuevamente al proyecto oficial en condiciones de dar pelea con posibilidades para las presidenciales del año próximo, pero apunta al talón de aquiles estratégico, esto es la ausencia de intentos de acercamiento con los sectores medios.

A este interesante análisis le falta, quizás, una mirada acerca de algunos acontecimientos recientes que podrían ser útiles para sacar conclusiones. Es que en el mes que acaba de terminar probablemente la movilización mas importante en apoyo de políticas oficiales, como lo fue la marcha del Congreso al Palacio de Justicia en defensa de la vigencia de la Ley de Medios Audiovisuales, tuvo un componente casi hegemónico de clase media, incluida la presencia gremial, compuesta por sectores del mundo del trabajo también identificables con ella.

De menor magnitud, pero significativas por su componente espontáneo son las movilizaciones registradas en la Ciudad de Buenos Aires y en varias de las provincias, a partir del Facebook de 6 7 8 (aclarado que cuando digo espontáneas no se me escapa que precisamente esa red social sirvió para organizarlas, pero no a través de la impronta de aparatos políticos o sindicales, sino a partir de la voluntad participativa de elementos no encuadrados).

Justamente la complejidad del colectivo social denominado "clase media" al que hace referencia Natanson, implica también que quizás no sea posible (ni deseable) desarrollar UNA política determinada para atraer/conquistar/recuperar sus votos.

Ni Perón en sus dos primeros gobiernos, ni Menem en los '90 consiguieron ni necesitaron para ganar elecciones el apoyo mayoritario de la clase media. Pero es indudable que ambos proyectos, tan disímiles, supieron atraerse a una fracción suficiente de la misma como para que, sumados a los sectores que les eran propicios, obtuvieran cómodas mayorías electorales.

La divisoria que quizás corresponda en este caso se parece mas a la del primer peronismo, que contó con el favor hegemónico de la clase trabajadora y la tirria incesante de las clases altas, que al proceso menemista donde hubo una alianza fáctica entre sectores desposeídos y acomodados que previsiblemente terminó profundizando la exclusión y el abismo interclases.

Sin los recursos del primer peronismo, ni los dotes y aptitudes para el liderazgo del fundador del Movimiento, cuentan sin embargo con algunas similitudes y ventajas comparativas que a la hora de los fríos números pueden ser decisivos. Conste que no me refiero a un análisis de la gestión, que en líneas generales ha favorecido mucho mas que cualquier otra desde 1983 a la clase media, sino a lo que tiene que ver con el proceso electoral que mas temprano que tarde se pondrá en marcha: entre las similitudes, la carencia de figuras de brillo y capacidad convocante en la oposición, cada mes mas parecida en lo cerril e irreflexiva a la enfrentada en los '40 por Perón. En el rubro ventajas hay que considerar al sistema electoral: en 1946 y relativamente en 1952 el peronismo debía obtener el 50% de los votos para ganar, ante la concentración de la oposición detrás de una fórmula unificada. Ello no ocurrirá ahora (salvo que a la oposición logre imponérselo la alianza de poderes fácticos que la empuja sin mucho disimulo). Además ahora con el 40% y 10 % de ventaja, o bien el 45% de los votos se evita la segunda vuelta. Ambas posibilidades, pero sobre todo la primera deben estar en el horizonte estratégico del oficialismo.

Y para ello no es necesario conseguir el apoyo de "la clase media" sino que debería ser suficiente atraerse a los mas concientes de la realidad que existe mas allá de los títulos catastróficos del Grupo Clarín y su lacayaje, las mas dotados de memoria para recordar como les fue con radicales, liberales y peronistas "federales", los mas sensibles a la realidad social, los desilusionados con los devaneos derechosos de Proyecto Sur. En fin, con aquellos que quizás prefieran callar en la reunión familiar o en el trabajo a la hora de crucificar a "la yegua" o al tuerto, pero que en el cuarto oscuro decidan no hipotecar su futuro en manos de los que ya se lo robaron mas de una vez. Algo parecido a lo que ocurría con el voto menemista vergonzante, aunque esta vez por razones virtuosas.

viernes, 25 de julio de 2008

Acerca de lemmings y otros mamíferos






Los lemmings son unos pequeños roedores, que habitan en el extremo norte de Europa, en particular en la tundra de Escandinavia.

Pesan alrededor de 100 gramos y miden de 8 a 15 centímetros de longitud. Su pelaje abundante, que los protege de los fríos nórdicos, suele ser colorido. Vegetarianos, se alimentan de hierbas, bulbos y raíces. Permanecen activos durante el frío invierno boreal, lo que los diferencia de otros habitantes de la tundra que hibernan en esa época.

Como la mayoría de los roedores, son solitarios y buscan pareja sexual solo en época de reproducción. Pero a diferencia de otras especies, su línea reproductiva es irregular y caótica. Como resultado de ello su población tiene periódicas explosiones demográficas, seguidas por épocas en la que los lemmings parecen al borde de la extinción. Sus enemigos naturales conocidos son cuatro: el armiño, el zorro polar, el búho, y el págalo de larga cola.

Otra característica notable de estos diminutos parientes de nuestro ratón de campo, ha desvelado a los naturalistas por mucho tiempo: es que los lemmings parecen encarar en ocasiones el suicidio en masa, conducta que no se observa en casi ninguna otra especie terrestre. Justamente en épocas de desbordante expansión poblacional, nuestros pequeños roedores se lanzan por la tundra en verdaderas manadas, avanzando incontenibles hacia los acantilados que bordean los fiordos escandinavos y, arribados a estos, no se detienen, lanzándose al vacio para morir en las heladas aguas del mar del Norte.

La teoría de la conducta suicida ha cedido últimamente, pues estudios más recientes atribuyen este extraño comportamiento a otras causas: sería en realidad la confusión generada por la pérdida del rumbo en el marco de grandes migraciones ocasionadas justamente por la gran expansión de la población de la especie. Lanzados así en un sentido equivocado, al llegar al abismo los de adelante son empujados por la avalancha que viene atrás, y todos terminan despeñándose.


Estamos en condiciones de afirmar que los lemmings no son los únicos mamíferos terrestres con tan extraña como autodestructiva conducta: hay en nuestro país, la República Argentina, otra especie que también se lanza periódica e inconteniblemente al abismo. Se trata de la clase media.

La clase media argentina está conformada por empleados públicos y privados, pequeños empresarios, profesionales, y docentes, entre otros. Habita principalmente en las zonas urbanas de la república, y como especie, se ha ido expandiendo junto con los movimientos inmigratorios que desde fines del siglo XIX y comienzos del XX depositaron en nuestras playas a cientos de miles de campesinos y artesanos europeos desposeídos, dispuestos a “hacerse la América” en estas tierras. Su presencia sirvió de cojinete de amortiguación entre la numéricamente reducida pero poderosa clase dominante, y los criollos de pata al suelo que habitaban estas pampas. Con afán de ascenso social, y voluntad de trabajo, proveyeron la mano de obra e intelectual con la cual se fue perfilando una sociedad distinta a la de otros países latinoamericanos, divididos inexorablemente entre ricos y pobres, con escasas alternativas intermedias. La clase media quedó definida no necesariamente por el nivel de ingresos, sino también por las inquietudes y apetencias culturales.

Una debilidad, de carácter justamente cultural, preanuncia la descripción de su desbarranco: aunque radicalmente distinta en intereses y en posibilidades a las clases dominantes, mayoritarios sectores de la clase media se miraron siempre en el espejo de los poderosos, aspirando a compartir espacios y ser aceptados por estos e imitándolos no solo en hábitos de consumo, mientras les dio el cuero, sino también adoptando sus opiniones.

Fue así que cada vez que en el devenir histórico surgió un gobierno que alentó su expansión, las clases medias lo miraron con desconfianza, y confundiendo sus interés con los de las clases dominantes, las que con razón miraban alarmadas la presencia de movimientos políticos que amenazaran su hegemonía, se dedicaron con entusiasmo a oponerse con mayor o menor grado de intensidad a quienes creaban las condiciones objetivas para su “expansión demográfica”. Fue así que elementos de clase media se sumaron a las corrientes de opinión que limaron primero y tumbaron después al primer gobierno de la historia que gestionó en beneficio la clase media: el radicalismo yrigoyenista. Fue así que en el marco de la mayor expansión del ingreso y del consumo de su historia, la clase media le volvió la espalda al peronismo y aportó cuadros y apoyos a la conspiración que llevó a su derrocamiento. Fue así que cada golpe militar que llevó a una restauración oligárquica contó con una entusiasta claque de clase media. En todos los casos, invariablemente, tras estos golpes, mas o menos sangrientos según el caso, advinieron tiempos de retroceso y miserabilización para la clase media, fautora de su propia desgracia.

El último salto a los abismos de los lemmings argentinos lo vimos en jornadas recientes. Una clase media que en los ’90 pareció al borde de la extinción, recuperada en un tiempo tan singularmente breve como no hay antecedentes en las historia económica mundial, a raíz de la aplicación de políticas públicas contrarias a la ortodoxia enseñada por diversos flautistas de Hamelin, abandonó apenas recuperada de las incertidumbres de la supervivencia diaria toda aquellas inquietud que la llevó a entonar “piquete y cacerola, la lucha es una sola”, y se lanzó decidida a las calles, una vez mas, a defender los intereses de las clases dominantes. A la hora en que debía defender el consumo de los argentinos, decidió cuestionar el botox presidencial. En el momento de optar por la redistribución del ingreso, prefirió apiadarse de pequeños millonarios. Cuando había que pensar en atacar la concentración de la riqueza, prefirió hacer bandera de la lucha contra Louis Vuitton…

Decíamos arriba que al lemming nórdico le son conocidos cuatro enemigos naturales. El número de enemigos de la clase media resulta algo más impreciso, aunque su incapacidad para reconocerlos remeda la actitud de sopor hipnótico del conejo ante la serpiente. Es claro que sí son cuatro las cabezas visibles de la Mesa de Enlace que arreó a gran cantidad de ejemplares de esta especie autoamenazada en las última semanas. Si el titular de la SRA se nos hace el símil del armiño, por las implicancias nobiliarias del animalito y de los blasones de don Luciano, no acertamos en cambio a determinar quien, entre Gioino y Llambías, asume el carácter del búho y cual el del zorro. Aunque el págalo es un animal bastante menos conocido, queda claro que corresponde a Buzzi: al final el que mas puntos en común de los cuatro tiene con la clase media, es el único que se quedó sin compensaciones y al que le dirán “págalo” a la hora de ponerse con las retenciones.

Ignoramos, finalmente, si la clase media se arroja al abismo por tendencia suicida o por incontenible confusión masiva. Sólo nos queda verificar el hecho y aguardar que, haciendo gala alguna vez de la racionalidad que no podemos reclamarle al pobre lemming, deje de saltar a los abismos de su propia perdición.