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domingo, 30 de noviembre de 2008

Brindo por este Noviembre

La lluvia tras el bochorno, produce un sacudimiento en la ciudad, con todas sus secuelas, que genera como única novedad respecto a anterior gestiones, que ahora el que emite excusas es otra persona.
Y traído por la lluvia y los vientos me siento nuevamente a picotear el tablero de mi PC, tras una ausencia respecto de la cual sólo puedo decir que si a alguno no le pasó inadvertida, se lo agradezco. Aquí estoy de nuevo, procurando reflexionar con quienes me visiten.
El último día del mes transcurre, y yo no quiero dejarlo ir sin reflexionar sobre lo trascendente que vivimos este noviembre. Un repaso debe ser encabezado por el hecho de mas largo alcance y significación que transcurrió durante estas 4 semanas y dos días: el fin del sistema jubilatorio que padecíamos desde 1994.
En términos de trascendencia política esta medida supera, para mi gusto, prácticamente a cualquiera que se haya tomado desde el inició de la gestión K, en mayo de 2003. Porque ha pegado en la línea de flotación de un sistema de poder financiero al que muchos le ladran pero pocos lo muerden. En términos de reversión del modelo de los ’90, tan denostado pero aún tan vigente en todos los escenarios de la vida nacional, es una medida fundamental, acompañada hasta aquí poco mas que por el cambio de tendencia en materia de legislación laboral que se viene registrando lentamente.
Yo pasé por el frente del Congreso en momentos en los que el Senado debatía el fin de las AFJP. Nadie hubiera podido señalar que adentro se debatía algo tan importante para los trabajadores y para el Estado. Una docena de militantes de APOPS tocaban redoblantes sobre la esquina de Hipólito Yrigoyen. En frente, en el enyetado sitio que otrora ocuparon las carpas oficiales durante el debate de la 125, estaban unos 40 empleados de las administradoras, con una bandera tachonada de crespones negros. Poco mas. Quizás la falta de épica para las gestas oficiales sea un signo de su estilo. Yo lamento que sólo se convoque al pueblo cuando parece que perdemos.
Ayer una compañera me mostraba el último mensaje de su ex administradora. En el lenguaje críptico que caracterizó siempre a estos vendedores de humo le informan, afortunadamente por última vez, acerca del valor cuota y de las cuotas acumuladas. Ni una línea que aclara con que se come eso, que significa en términos de dinero. Un rápido cálculo me permitió informarle que 14 años de aportes a su “cuenta individual” le permitían gozar de $20.000.-, lo que significa que si hoy dejara de laborar si expectativa de vida le permitiría percibir la friolera de $70.- por mes. ¡Y a vivir…! Si con parejos ingresos y rendimientos lograra llegar a sus 60 aportando, una proyección le prometía arañar los $200.-.Por supuesto en ese punto el Estado concurriría con sus fondos, a permitirle alcanzar una jubilación mínima para darle una pátina de dignidad a su sobrevivir. Fondos a los que la compañera y todos los demás expoliados por las AFJP no habrían contribuido en un centavo.
En fin, terminó un sistema que desfinanciaba al Estado, desprotegía a los trabajadores, enriquecía injustamente a empresas que no debían mostrarse eficientes para cobrar sus disparatadas comisiones, y era caldo de cultivo para maniobras como la que terminaron con el procesamiento de los directivos de la ex AFJP Siembra, en desvergonzado perjuicio de su clientela.
Por ello, alzo mi copa en este último día de noviembre.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

De Narváez y Pinedo nos ayudan...

Aún en una expectativa favorable, como la que se presenta de cara a la aprobación por el Senado del nuevo régimen jubilatorio, resulta necesario tener presente que el proyecto seguirá recibiendo munición graneada por parte de los opositores ideológicos, los opositores oportunistas y de la "prensa seria".
A diferencia del proceso que derivó en la derogación de la Resolución 125, este batifondo careció hasta aquí de interpretes adecuados. Mientras que el imaginario social permitió proyectar en el debate anterior una imagen pública de los adversarios del gobierno que los favoreció, permitiendo ocultar tras la figura de manos callosas y amaneceres laboriosos de campesinos imaginarios, a rentistas y especuladores concretos y reales, en este caso una construcción semejante no ha resultado posible. Es que no hay sofisma que pueda hacer aparecer a los bancos, propietarios de las afjp, bajo una luz que los favorezca lo suficiente. Aún en un país donde la cortedad de memoria afecta a anchas porciones de la sociedad.
Pero la munición sigue siendo arrojada. Veía anoche en televisión a algunos de los tenaces francotiradores, cuya sola presencia hace dudosa toda gestión exitosa. El sofisma enarbolado por el colomboneoliberalmenemojusticialista Francisco de Narváez consiste en señalar que mediante la reapertura de la opción previsional, que permitió durante el año pasado a los contribuyentes prisioneros del régimen de capitalización incorporarse al de reparto, se había celebrado una especie de plebiscito mediante el cual la mayoría de los futuros jubilados había dado el sí al sistema privado. Si bien los números de afiliados a la capitalización resultan engañosamente elevados, pues mas de 3 millones de los mismos no hacen ningún aporte, resulta sospechoso que con esa realidad conviva la que indica que el 80% de los nuevos afiliados elijan el reparto.
La verdad es que la nueva situación no implica que todos los aportantes pasen compulsivamente el régimen de reparto, pues este se extinguirá a la par del de capitalización. El nuevo régimen, que se llamará Sistema Integrado Previsional Argentino ofrecerá prestaciones distintas a las dos opciones existentes.
Y hay una diferencia, entre varias, que hacen al nuevo sistema totalmente diverso al de reparto hoy existente: es que el Estado dejará de sostener las jubilaciones presentes y futuras de la enorme cantidad de afiliados a la capitalización que no alcanzan el haber mínimo y en socorro de los cuales debe concurrir sin que estos aporten un sólo peso a un sistema solidario. Concretamente ahora todos los aportantes lo serán del Estado, lo que terminará con una de las características mas irritantes del sistema de capitalización, en el que los contribuyentes con los mejores sueldos, con el perfil "yuppie" de los comerciales de Consolidar aportan para si (y para su socio en las ganancias, Consolidar) y le dejan al Estado y a los aportantes al régimen de reparto que sostengamos a los menos afortunados, entre los cuales eventualmente puede estar el propio padre del yuppie.
Así que nada de plebiscito, que el nuevo régimen no es ninguno de los dos que hasta hoy coexisten.
Otro sofisma fue voceado por Federico Pinedo, el mismo que con involuntario humor dijo hace unos días que le parece que los argentinos no comparten su preocupación por el sistema jubilatorio.
Lo que señala este caballero es que el fin del sistema de capitalización significa un atentado contra la propiedad privada. No explica de que propiedad privada habla, cuando los fondos depositados en las cuentas individuales no pueden ser objeto de disposición por parte de sus aportantes. Es decir, no pueden pedir no ya que se los reintegren, sino tampoco pueden opinar acerca de las "inversiones" que las administradoras hacen con ellas. Por otra parte, en caso de que tal pretensión se judicializara, parece evidente a la luz de las escuálidas prestaciones que el régimen de capitalización viene generando, que resultaría muy difícil demostrar un perjuicio, tal como el que resultaría si las futuras jubilaciones estatales fueran inferiores a las mismas prestaciones pagadas por las afjp.
En fin, las conmovidas manifestaciones no mueven el decibelímetro, y de no mediar alguna generosa Banelco salvadora vamos derecho a la abolición de un verdadero paradigma del saqueo de los '90. Si, saqueo. Aunque esa palabrita recién haya brotado ahora y no entonces de boca de tantos sinvergüenzas que la juegan de paladines de la República y del estado de derecho.