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lunes, 29 de diciembre de 2008

SERES FABULOSOS (I): El Piloto de Tormentas


El Dragón, el Kraken, la Gárgola, el Unicornio, la Hidra, son sólo algunos de los seres fabulosos que la imaginación de los hombres ha creado a lo largo del devenir humano. Quizás para corporizar sus miedos, para interpelar a lo desconocido, para exorcizar sus demonios interiores, o simplemente para incursionar en ámbitos donde todo fuera posible, la fantasía de los hombres hizo posibles a esos seres imposibles.




Una variante menor de estas criaturas imaginarias consiste en aquellas que realmente existen en el mundo real, pero a la que se las dota de cualidades ilusorias para satisfacer necesidades y deseos para los que la limitada naturaleza humana es insuficiente. Así nacieron hombres y mujeres capaces de volar, de hacerse invisibles, de teletransportarse...




Por fin en el último renglón de las criaturas fabulosas están aquellas que lo son por autoproclamación. En realidad nada tienen de especial, pero por ingenuidad, locura o mala fe, deciden asumir calidades de las que carecen. Y aquí llegamos a nuestro ámbito habitual, el de la política, en la cual nuestros seres fabulosos de segunda selección moran y se desarrollan.




A algunos de ellos dedicaremos nuestra atención, si las ganas me acompañan y aparecen lectores para seguirme, en sucesivas entregas..




Dicho lo cual, prestemos atención a nuestro primer espécimen: el fabuloso...




Piloto de Tormentas.




Que los hay, los hay. La historia ha asimilado la presencia de hombres providenciales que surgen en el momento justo en el que los pueblos los requieren, con la del navegante capaz de pilotear su nave por mares embravecidos que hacen huir del timón a mas de uno. Son aquellos capaces de asumir las responsabilidades mas difíciles en los momentos mas críticos y salir adelante.




Que los hay, los hay. Sólo que la autoproclamación que de sí mismo hace Eduardo Alberto Duhalde como piloto de tormentas suena excesiva, y mas aún, si ella es empleada por el susodicho para asumir costosamente el rol del estadista que desde su retiro amaga con verse obligado a volver a corregir desaguisados ajenos.




Un repaso de su gestión de gobierno, un período lleno de enseñanzas y demasiado cercano para el olvido al que la bonanza posterior lo relegó, dará algunas claves para entender a que nos referimos cuando juzgamos excesivo el autobombo e irreal su fundamento.




En el principio, en aquel tronante salto del 2001 al 2002 del que ahora se cumplen 7 años, habrá que recordar que Duhalde, como viejo justicialista, lleva la vocación de poder en el ADN, y que allí donde los militantes de otras fuerzas redactarían renuncias para la historia o inquirirían acerca de la potencia de los motores del helicóptero presidencial, el vió la ocasión de llegar al ámbito que le fuera negado dos años antes por el voto popular y las agachadas del sultán de Anillaco.




Bien, una vez sentado en el sillón de Balcarce 50, la rugiente realidad le ofrecía el "que se vayan todos", el default, la parálisis económica, el fin de la convertibilidad, la amenaza de la híper. Como siempre los gurúes económicos coautores del desastre seguían admonizando, y en el sálvese quién pueda político, los gobernadores justicialistas empezaban a tratar a su ex "primus inter pares" con poco respeto y menor afecto. Hubo sucesivamente tres momentos claves que caracterizaron su paso por la máxima magistratura: la crisis dentro de la crisis, que en abril se llevó puesto a Remes Lenicov, los asesinatos de junio que pusieron fin a todo intento de quedarse hasta diciembre de 2003 y, por fin, su elección del hombre destinado a impedir el retorno de Menem.




En ninguna de las tres instancias se puede ver la mano del estadista, y no hubo en el timón un piloto de tormentas que supiera adonde iba. Mas parecido al edil lomense que fue en el principio de su trayectoria, se aferró al sillón mientras una combinación de módicos aciertos, errores ajenos, crímenes compartidos y simple fortuna le permitieron colocarle la banda presidencial a un hombre al que ni conocía ni entendía, pero que tenía para Duhalde en mayo de 2003 una virtud fundamental: no era Carlos Menem.




Pero volvamos a los tres momentos decisivos, y analizémoslos brevemente:




a. La Llegada de Lavagna:




El gobierno era una nuez apretada por el FMI (¡Olivos recibía con alivio nuevas exigencias porque ello quería decir que todavía nos tenían en cuenta! (aquí)), por el Secretario del Tesoro usamericano que lo acusaba de falta de liderazgo (aquí) y por sus propios gobernadores y legisladores que finalmente rechazaron el plan Bonex de Remes Lenicov forzando la renuncia del Ministro de Economía.


En esas horas de desconcierto, el Piloto de Tormentas convocaba a los gobernadores justicialistas, muchos de los cuales lo acusaban del pecado nefando de populista, y miraban de reojo otro salida ante la evidente inermia política y económica de la gestión de Duhalde.


Duhalde gestionó la aceptación del ortodoxo Alieto Guadagni para reemplazar a Remes, sin éxito. En medio del caos de Olivos, salió de una reunión en su gabinete de trabajo y sorprendió a los que esperaban afuera preguntando: "¿alguien lo conoce a Melconián?", tratando de obtener referencias, con ligereza poco recomendable aún para designar a una empleada doméstica, respecto al candidato que le acercaba el siempre coherente gobernador salteño Juan Carlos Romero. Melconián no aceptó, pese a que Duhalde le gustaría creer que no le ofreció el cargo.


En cuantro meses, el hombre que nos veía "condenados al éxito" en enero, pasaba al que murmuraba "que sea los que Dios quiera" en abril.


Mas tarde, y mientras los candidatos se caían o huían, quedaron en pie Guillermo Calvo, economista jefe del BID, con una receta ultraortodoxa y Roberto Lavagna, embajador ante la Unión Europea. Convocados ambos, llegó primero el avión de Lavagna y ante su aceptación, Duhalde le tiró la papa caliente al que sería, hasta hoy, el último Superministro de Economía.


¿Piloto de tormenta? No. Turco en la neblina. Coherente con sus antecesores, dejaba la política económica en manos del ministro del área, y se hundía o se salvaba con el designado. Se salvó en este caso. Como señala Liascovich en su biografía de Lavagna, no hubo gran titiritero. Solo azar.




b. Kostecki y Santillán.

Como todos los lectores de Clarín sabemos, a Kostecki y Santillán los mató "la crisis". Lamentablemente no quedó detenida.

Con ellos murió toda expectativa de Duhalde de terminar el mandato iniciado por el ente que le ganó las elecciones en 1999.

Si bien había intentado capear las permanentes movilizaciones y protestas populares, en el marco de una situación económica deletérea, la tentación de la mano dura que los elementos mas ídem de su gabinete sugerían pudo mas , y la realidad marcó claramente a partir del 26 de junio de 2002 que a Duhalde sólo le quedaba la convocatoria a elecciones, la clara renuncia a participar del proceso electoral como candidato y, una vez mas, encomendarse a "que sea los que Dios quiera".


c. El delfín.

Puesta toda la carne en el asador, a Eduardo Duhalde le quedaba encontrar el candidato para que no se produjera la paradoja de que el padre intelectual de la crisis fuera el favorecido por ella, y ganara las elecciones de 2003.

Una vez mas, el recorrido de nuestro Piloto de Tormentas en esta etapa muestra a un hombre conturbado, corriendo detrás de los acontecimientos, y subiéndose finalmente al último bondi antes de la catástrofe. Bondi que venía de Río Gallegos, cargado de sorpresas.

Es difícil ver otra cosa en quién primero jugó sus cartas a Carlos Reutemann, ante la negativa de este apostó a José Manuel de la Sota, y cuando se hizo patente que este no despegaba en las encuestas, terminó casándose con Néstor Kirchner, quién había sido durante el mandato del pequeño estadista lomense uno de los gobernadores mas duros con la Rosada. La persistencia del pingüino en su candidatura presidencial, pensada primero como un globo de ensayo con miras a 2007 y luego corporizada ante los derrumbes ajenos, terminó de convencer a Duhalde de apoyar al santacruceño en un matrimonio sin amor y de momentánea conveniencia.

De la Sota o Reutemann o Kirchner. Melconián o Calvo o Lavagna. Así de dispares resultaron los términos de las decisiones estratégicas de este aprendiz de mago. Con Lavagna encontró los elementos para llegar a 2003. Con Kirchner se dió el gusto de cerrarle el camino a Menem. Y punto. Su pretención de cogobernar o de dictarle condiciones a la pingüinera desnudó las fallas cognitivas del precario morador de Olivos. La historia lo había usado de trampolín. A la hora de la retirada digna exigió mas de la realidad que lo que esta podía darle y se encontró con un hombre con voluntad de poder, capacidad para llevarlo adelante y con un programa que poco tenía que ver con los manotazos de Duhalde y de sus antecesores. "Chirolita" quedaba para mejor oportunidad y la ruptura era un hecho.


Vuelve ahora, travestido en Piloto de Tormentas, declamando una capacidad solo pendiente de su propia voluntad para asumir el control de la oposición. Tiene la caradurez y la confianza en la mala memoria colectiva para proclamar la "ineptitud" de este gobierno.

Olvida que en el suyo contó con la amable tutela de los grandes medios, brindó genuflexión ante los poderes fácticos que su sucesor decidió combatir, y lamió las cadenas del FMI hasta que Lavagna se puso a ordenarle un poco las cosas.

Así no se gobierna. Se dura. Y sus sucesores gobiernan, capeando temporales contra todo el poder real de la Argentina. Cosa que está lejos de lo que él siquiera se atrevió a soñar.


Así que, Piloto de Tormentas, dejate de joder...

lunes, 22 de diciembre de 2008

Contagio


Si con el carriotismo no alcanzaba, si la cuota de esquizofrenia política en la Argentina resultaba insuficiente, ahora si me parece que todos los cupos están llenos.

¡Aquí no faltan cárceles, como claman algunos!. Aquí se requieren mas neuropsiquiátricos...


Hoy domingo 21, y como si nada, el ex embajador argentino ante la Santa Sede durante la gestión De la Rúa, don Esteban Caselli, se anota en la carrera presidencial para el 2011.


Hombre de dos mundos, ha alternado su menemismo explícito, que le permitió ejercer diversos cargos entre 1989 y 1999, con un firma alineamiento con las políticas vaticanas, que hizo de él mas un vocero eclesiástico que un embajador de un gobierno independiente ante el trono de San Pedro.


Claro que no solo de lo celestial vive el hombre, y para combinar sus intereses terrenales con los divinos, nada mejor que su militancia en el Opus Dei, y su estrecha relación política con Silvio Berlusconi.


Hasta aquí, una carrera en el funcionariado argentino que se extendió durante las gestiones de Menem, De la Rúa y a Duhalde (también fue Secretario de Culto de este), pero que terminó en 25 de mayo de 2003. Para reanudarse, allende el Atlántico, en el Senado italiano a raíz de su elección como representante de los italianos de ultramar, por la derechista Forza Italia, en los últimos comicios legislativos. Hasta aquí una prolífica carrera política, pero no mas que eso.


Pero en el Clarín del domingo (casi diría que de hoy, aunque escribo en el comienzo de la madrugada) Caselli demuestra que lo de Carrió es contagioso y que el modelo del dirigente político con delirio místico es una realidad a la que habrá que acostumbrarse. Porque, muy suelto de cuerpo, anuncia su decisión de lanzarse a la competencia por el sillón de Balcarce 50 a raíz de que una exhortación del papa JUAN PABLO II. Y no es que el pontífice polaco, fallecido en 2005 estuviera pensando varios años atrás en los pormenores de la política criolla. No, es un dato actualizado, según el candidato, pues el consejo le fue dado por Wojtila, personalmente y susurrándole en la oreja durante una visita del funcionario ítaloargentina a su tumba (ver aquí). Un dato de enorme interés para los que se ocupan del proceso de canonización del antecesor de Ratzinger, pues quizás pueda ser considerada milagrosa la capacidad papal de gastar bromas pesadas de ultratumba.


De estos mitos se ha nutrido con frecuencia el historial eclesiástico en el pasado, pero no vemos en el veterano funcionario el "physique du rol" apropiado para recibir, cual Doncella de Orleans el encargo de "ve y salva a la Argentina". Aunque, si sus patologías no resultan incompatibles, y ninguno pretende tener la exclusiva en materia de recepción de mensajes del mas allá, quizás a Carrió le apareció un eventual socio político.


En fin, hombre de la derecha política, amigo de Berlusconi, de Menem, de Ruckauf y de similares especímenes, y de la derecha eclesiástica, que aquí encabeza el obispo platense Héctor Aguer, Caselli no se ha andado con chiquitas a la hora de su lanzamiento y se propone entrar por la puerta grande a aquel ámbito al que se accede en un viaje de ida, sin retorno. Específicamente, al territorio del ridículo.


martes, 30 de septiembre de 2008

Volver a los Noventa


¿Como eran los Noventa?. Los que eran muy chicos y no los registraron necesitan que se lo cuenten. Claro, también los que están muy viejitos y por ahí se olvidan de las cosas y peor, los que son muy pelotudos y no se dieron cuenta de los que pasó. De estos evidentemente hay demasiados.


Pero volvamos a los mas jóvenes: les bastará fijarse lo que pasa en la Ciudad de Buenos Aires, y sí, así eran. Porque el neomenemismo está gobernando la capital de la República y no está haciendo otra cosa que lo que era de esperar, un remedo de aquellos años.

La decisión de Mauricio Macri de disponer la no renovación de los contratos de los hombres mayores de 65 y las mujeres de mas de 60 años (ver aquí) afecta a un número relativamente reducido de trabajadores. Es probable que en los próximos días haya agitación con este tema, pero es también probable que con el tiempo esa agitación se apague: SUTECBA ya ha dado pruebas desde el inicio de esta gestión de su escasa combatividad, por decir poco. Los contratados veteranos no son una masa aportante y el difícil que gente de esa franja etaria le de vuelta la ciudad al macrismo. La oposición no tiene el número de legisladores para frenar esta medida.


Pero hay otro elemento para tener en cuenta, y que seguramente fue tenida en cuenta por los que tomaron la decisión: esto está en línea con lo que quiere el votante típico de Macri. Cualquier medida que se tome contra laburantes públicos será bienvenida (para confirmarlo, dénse una vuelta por los comentarios de los lectores de Lanata). Así personas que son víctimas de la precarización laboral provocada por el Estado (y esto lo hacen todas las Provincias y la Nación), y que prestan servicio durante años con contratos que encubren su relación laboral, sin aportes mas que el monotributo a su cargo, sin obra social, sin vacaciones y sin licencia por enfermedad, son víctimas de una decisión programática que los saca del mercado laboral a la edad en la que mas difícil les va a ser reinsertarse. Y con el aplauso de la tribuna adicta, para la que cualquier empleado público es un vago.


Bueno, así eran los Noventa. Menem tuvo claro que hacer, y comprobó que cuando destruía empleo sólo se resistían y luchaban los directamente afectados. Así que si primero se cargaba a los ferroviarios, después a los petroleros, luego a los aeronáuticos, mas adelante a los telefónicos, el resto de la sociedad miraba y seguramente consideraba que eso era un problema de esos tipos que "no quieren laburar y quieren todo de arriba".


La diferencia con los Noventa es que ahora sabemos como termina esta historia: sabemos que tarde o temprano ser gobernados por gente que exhiben tan olímpico desprecio por los sectores mas débiles de la sociedad profundiza las fisuras (rajaduras a esta altura) que tiene el entramado social, y eso genera daños no solo a los directamente afectados sino a todos, incluídos por supuesto los que lo votaron pero que no pertenecen al reducido círculo de privilegio de esta ciudad atendida por sus propios dueños.