jueves, 25 de diciembre de 2008
El Bandazo de Mauricio
lunes, 15 de diciembre de 2008
Hartazgo
domingo, 7 de diciembre de 2008
Un Año Ya...

No digo de ninguna manera que sería mejor. Digo distinto.
Pensamos que en el proyecto de Macri esta jefatura es una escala técnica hacie el premio mayor, la Presidencia de la Nación, en pos de la cual iría en 2011 si las condiciones le eran favorables. Siendo así, supusimos que procuraría una gestión que disimulara las características mas antipopulares de un proyecto ideológico que supone un regreso aggiornado a los '90. Que intentaría una gestión caracterizada por la eficiencia, según entiende la derecha ese concepto y que la idea, fuertemente impulsada durante la campaña electoral, de que en la ciudad no había en juego cuestiones ideológicas, sino que se trataba de administrar bien los recursos fiscales, iba a ser exhibida también como un valor de su gobierno.
Claro que, a partir de que la idea de que se puede gobernar sin ideología es falsa, siempre supusimos que Macri y los suyos tendrían que disimular algunas de sus concepciones para que el concepto "cool", lavado, casi distendido que se propuso en la contienda electoral pudiera sobrevivir a la hora de administrar recursos, elegir entre opciones, y tomar decisiones que inevitablemente traducen en la praxis la concepción del mundo y de la gente que tienen los que gobiernan.
Por eso digo que las cosas fueron diferentes. El gobierno municipal de Macri, al fin, se parece tantísimo al que uno podría imaginar de una gestión presidencial del hijo de don Franco. Y si no se parece mas es porque, afortunadamente, las cuestiones macroeconómicas, las relaciones exteriores, la defensa nacional, entre otras, no forman parte de las incumbencias del jefe de gobierno porteño.
Conviven en esta gestión una fuerte concepción ideológica para tomar decisiones en materia de política educativa, sanitaria, fiscal, cultural, de seguridad, de obras públicas, como en la cosmovisión que fija categorías de privilegios intocados para los mas poderosos económicamente respecto a los sectores medios y bajos de la población, con una notable ineptitud práctica que en algunos de los renglones antes señalados osciló entre el patetismo y la vergüenza.
Creo que lo que mejor define la opción ideológica del jefe de gobierno ha sido su actitud durante el conflicto agropatronal durante el cual, lógicamente alineado junto a la SRA, sus asociados y súbditos, proponía destrabar el conflicto mediante el diálogo, como instrumento de capitulación del gobierno nacional, y su posición ante los reclamos de diversos sectores de la comunidad (docentes, estudiantes, médicos, etc.) en su propia gestión, ante los cuales su vocación "cafetera" y dialoguista desapareció, siendo reemplazada por la absoluta intransigencia. Es decir solidaridad y apoyo al reclamo de los poderosos, desdén y hostilidad cuando los que piden son los sectores populares, los que por otra parte, reclamaban ante decisiones del propio Macri.
Desde las ciudadelas ideológicas en las que se encaramó Macri no se ha avanzado a la solución de ningún problema de la ciudad. En el marco de una notable subejecución presupuestaria sólo ha sido visible una compulsiva arremetida contra las calles de la ciudad en una tarea que no parece estar destinada primariamente al bacheo y al asfaltado sino a la recolección de adoquines, al cambio de veredas y a la facturación de metros de pavimento sin criterio visible de utilidad pública.
El invierno sin calefacción en las escuelas es una opción ideológica, el desguace de hospitales públicos es una opción ideológica, la suba de impuestos al consumo en medio de una incipiente recesión es una opción ideológica, la criminalización de la protesta es una opción ideológica, la conversión del Teatro Colón en un shopping es una opción ideológica...Así, el primer año de gestión de Macri en la Ciudad se cierra con dudas hacia adelante que su propia acción y la de los demás actores de la realidad porteña irán aclarando. El que viene es un año electoral y pese a lo antedicho no creo que hasta hoy haya razones para creer que el PRO vaya a dejar de ser primera minoría.
martes, 28 de octubre de 2008
La Doctrina Ibarra

Sancionada con el voto de los dos tercios de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, podríamos llamarla "la Doctrina Ibarra".
Quedó plasmada cuando a raíz de la responsabilidad que se le achacó en la tragedia de Cromañón, el hasta entonces Jefe de Gobierno de la Ciudad fue expulsado de su cargo por la responsabilidad política que le correspondía en la habilitación del local bailable que fue escenario de la tragedia.
El nivel de responsabilidad trepó de los inspectores municipales que hicieron la vista gorda a las condiciones peligrosas del boliche, subió al Director General del área, siguió por la Subsecretaria de Control Comunal, pasó por el Ministro y terminó devorándose al Jefe de Gobierno.
Bien, muchachos del Pro, Uds. hicieron parte de esa decisiva mayoría, tanto en la comisión acusadora como en la juzgadora. Lo dicho es doctrina. Así que a aplicarla.
Pues si 7 les parece un número escaso, dejemos todo como está. Pero si valoramos la vida de cada ser humano como la de cien, y entendemos que hoy habría 3 personas mas entre nosotros si no fuera por la desidia de quienes tenían claras responsabilidades y obligaciones, entonces adelante:
Anoche 3 pibes murieron, y 4 resultaron heridos cuando el automóvil en el que viajaban por la avenida Santa Fe se estrelló contra un enorme volquete que estaba colocado sobre el carril izquierdo, en el tramo entre Anchorena y Laprida.
Como Uds. saben, semejante armatoste no puede estar ahí, menos en una avenida, y hay responsabilidad entonces, además del propietario del mismo, del contratista que lo utiliza y del dueño del inmueble en obra, de estos funcionarios públicos:
a. Del cuerpo de inspectores del Gobierno de la Ciudad.
b. Del titular de la Dirección General respectiva.
c. Del Ministro del área.
d. Del Jefe de Gobierno.
La tarea va a ser mas sencilla, pues la "Doctrina Ibarra" ya ha sido sentada por ese cuerpo legislativo, y los funcionarios no podrán escudarse en argumentos tan falaces como aquel que esgrimió Ibarra señalando que él no podía hacerse cargo en un organismo tan complejo de las fallas de todos sus subordinados.
Así que manos a la obra...
No Hay Plata



martes, 7 de octubre de 2008
Ay Mauricio...
el conductormartes, 30 de septiembre de 2008
Volver a los Noventa

La decisión de Mauricio Macri de disponer la no renovación de los contratos de los hombres mayores de 65 y las mujeres de mas de 60 años (ver aquí) afecta a un número relativamente reducido de trabajadores. Es probable que en los próximos días haya agitación con este tema, pero es también probable que con el tiempo esa agitación se apague: SUTECBA ya ha dado pruebas desde el inicio de esta gestión de su escasa combatividad, por decir poco. Los contratados veteranos no son una masa aportante y el difícil que gente de esa franja etaria le de vuelta la ciudad al macrismo. La oposición no tiene el número de legisladores para frenar esta medida.
Pero hay otro elemento para tener en cuenta, y que seguramente fue tenida en cuenta por los que tomaron la decisión: esto está en línea con lo que quiere el votante típico de Macri. Cualquier medida que se tome contra laburantes públicos será bienvenida (para confirmarlo, dénse una vuelta por los comentarios de los lectores de Lanata). Así personas que son víctimas de la precarización laboral provocada por el Estado (y esto lo hacen todas las Provincias y la Nación), y que prestan servicio durante años con contratos que encubren su relación laboral, sin aportes mas que el monotributo a su cargo, sin obra social, sin vacaciones y sin licencia por enfermedad, son víctimas de una decisión programática que los saca del mercado laboral a la edad en la que mas difícil les va a ser reinsertarse. Y con el aplauso de la tribuna adicta, para la que cualquier empleado público es un vago.
Bueno, así eran los Noventa. Menem tuvo claro que hacer, y comprobó que cuando destruía empleo sólo se resistían y luchaban los directamente afectados. Así que si primero se cargaba a los ferroviarios, después a los petroleros, luego a los aeronáuticos, mas adelante a los telefónicos, el resto de la sociedad miraba y seguramente consideraba que eso era un problema de esos tipos que "no quieren laburar y quieren todo de arriba".
martes, 23 de septiembre de 2008
Jugando a las Visitas

jueves, 18 de septiembre de 2008
El subte está enterrado.
En la imagen de arriba, se observa el total de la ampliación de los subtes de Buenos Aires anunciado ayer por Mauricio MacriCabe recordar que durante la campaña electoral anunció un ambicioso plan de expansión que preveía la construcción de 40 km. de líneas subterráneas. Mas adelante en viaje a Madrid anunció que había avanzadas negociaciones con empresas españolas que querían invertir 7 mil millones de pesos en esos emprendimientos.
Sin embargo, luego alegó problemas que acotaban a 27 el número de kilómetros que se habían de construir.
Un funcionario no identificado hace en La Nación una curiosa reflexión, ya que señala que si los recursos estuvieran, hoy ya no habría tiempo para construir los 27 km. Del “plan B”. Ni hablar entonces de los 40 de la alegre caravana electoral. Cabe preguntarse como es posible que a 8 meses de gestión “ya no tenga tiempo”. Esto implica que los números manejados lo fueron con total irresponsabilidad, y con el sólo objeto de endulzar oídos crédulos.
Finalmente, el plan de expansión de los subtes porteños ha dejado de existir. La expansión será igual a 0 (cero) km. Queda por preguntarse si por lo menos durante su mandato logrará inaugurar las estaciones que ya están terminadas debajo de la avenida Rivadavia para extender la línea A, o si acusará al Gobierno Nacional de no proveerlo de la cinta y la tijera para el acto lo que frustrará una vez mas su empuje de empresario joven y exitoso.
Mientras algunos estudios pronostican que Buenos Aires colapsará definitivamente en 12 años si no se hacen obras de infraestructura y profundas modificaciones en materia de transportes, servicios públicos y vivienda, entre otros ítems de gran importancia, una de las claves para enfrentar un ominoso futuro demasiado cercano, como es la extensión de la red de transportes subterráneos, ya debe darse por perdida según la confesión del Jefe de Gobierno porteño.
Si antes de cumplir el primero de los cuatro años de su mandato “tira la esponja” en un tema de semejante importancia, cabe preguntarse si los porteños podrán afrontar la totalidad del período macriano caracterizado por este estilo de niño fastidioso.
Por otra parte, resulta llamativo, y con incuestionable tufillo a verso para la tribuna adicta la manifestación de Macri respecto a las negativas del Gobierno Nacional a sentarse a negociar la autorización para que la Ciudad contraiga los créditos internacionales que harán posible que las multitudes de “brasileños, chinos, alemanes, franceses” (Mauricio dixit) se lanzen a perforar nuestro subsuelo ciudadano. Cabe preguntarse si además de proponer jugar a las visitas con Massa, Macri o alguno de sus asesores ha advertido poner en marcha los mecanismos legales para el endeudamiento internacional de los estados provinciales, que incluyen a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Es decir, por ejemplo, si ha optado por los mecanismos previstos en el Decreto 2263/2002, que lo autoriza a obtener crédito externo, o si ha dado cumplimiento a lo previsto en el art. 6 del Régimen Federal de Responsabilidad Fiscal (Ley 25.917, a la que la C.A.B.A. adhirió oportunamente) que requiere al gobierno porteño someter a su Legislatura la proyección de Presupuestos Plurianuales que incluya la programación de operaciones de créditos provenientes de organismos multilaterales o al art. 25 de la misma norma, elevando al Ministerio de Economía nacional los antecedentes y documentación correspondientes para que se le autorice endeudarse. Porque supongo que Macri hablará con la Nación en términos mas precisos que con la prensa, y sabrá como y con quién pretende negociar los créditos. Lo contrario sería sarasa para la tribuna e incumplimiento de los requisitos legales que, por una vez, debería cumplir. De todas formas sería bueno que recuerde que ninguna norma le impide sentarse a negociar los créditos que necesite, pero sí tendrá después que someterlos al análisis de la Nación. ¿Cumplió con su parte o nos está gileando?
martes, 2 de septiembre de 2008
Adiós a Mauricio Cafetero.

Pero fuera del foco principal del conflicto, el Jefe de Gobierno porteño tuvo oportunidad, no obstante, de lanzar una frase que apuntalara la imagen cool y descontracturada de la política que le diseñara Durán Barba, al señalar que él estaba dispuesto a servir el café si “las partes” se sentaban a superar diferencias. Desde la mirada de Mauricio, había partes equivalentes, y no por un lado la legitimidad del Gobierno y por otro un grupo económicamente poderosísimo llevando a cabo todo tipo de actos ilegales y en algunos casos delictivos para imponer su interés general al conjunto. Es que el conflicto de intereses no forma parte del menú público PRO, que en todo caso ve la sociedad dividida entre eficientes y no eficientes.
Claro que la versión del cafetero voluntario resultaba avalada por la gran maquinaria mediática, que no sólo consagraba la existencia de esas dos partes, sino que además establecía que era la obcecación de “los Kirchner”, en plena era del doble comando, el gran obstáculo a la superación del diferendo.
Varias lunas han pasado desde esas jornadas, la corporación sojera preservó con éxito sus rentas extraordinarias, para alegría propia y de ingente número de piojos resucitados que seguirán viendo la prosperidad ajena por televisión. La vida y sus conflictos siguen adelante y ahora Mauricio se cruza con el estudiantado porteño a raíz de las restricciones impuestas al otorgamiento de becas por el gobierno que encabeza.
Vuelve entonces Macri a ser hombre del partido del orden, y anuncia a través de su ministro del área, Narodowski, que no negociará mientras se mantengan las medidas de fuerza. No se le ocurre en este caso que “hay que sentarse a conversar”, ni para su fortuna, la prensa bienpensante sugiere que el problema es la obcecación de los gobernantes porteños. Aún más, anuncia la suspensión de clases en establecimientos tomados, restándole días al calendario escolar, cuando los propios reclamantes no incluyen en su medida de fuerza la interrupción de actividades. Una decisión con un cierto “déjà vu” al “ramal que para, ramal que cierra”…
Macri no otorga entidad a los quejosos, toda posibilidad de tomarse un cafecito con Mauricio parece quedar clausurada para siempre, y el reclamo pasa a tener un sospechoso trasfondo político. Justo el tipo de trasfondo que, si se alegaba durante el conflicto agropatronal, sólo servía como certificación de la paranoia oficialista. Pero que, sancionado por los adalides de la antipolítica, pasa a ser una tacha de ilegitimidad para la protesta.
Quizás valga preguntarse que cambió entre un conflicto y otro, no solo para que Macri pueda echarle esta mirada, sino para que el sentido común público, si es que tal entelequia existe, no reaccione sorprendido ante el doble rasero aplicado en casos separados por escaso período temporal.
Hay un elemento que no ha sido dicho públicamente, quizás por un resabio de corrección política, quizás porque el mago procura que no se le asomen los conejos por el bolsillo. Este es que “el campo”, otra entelequia exitosa, tiene derechos que el común de los habitantes del país no tiene. Provistos de caracteres fundacionales, anteriores a las instituciones democráticas, los grandes propietarios, agrupados en la Sociedad Rural Argentina y entidades afines, con el invalorable aporte de los medianos y pequeños millonarios de la FAA, tienen un derecho extralegal pero legítimo a reclamar como les plazca, a desconocer la legalidad si esta no va de la mano de sus intereses y a acatar la normativa en vigencia a partir del momento en que esta se ponga en línea con sus deseos.
De esta ventajosa situación estarían excluidos los otros sectores del país que, orgánicamente o a los ponchazos, luchen por sus derechos postergados o por reivindicaciones jamás atendidas. Esta visión macriana del conflicto, en línea con la concebida con los poderes fácticos y la propalada por los medios encargados de sorberle el coco a la población, se podría traducir con “a mas poder, mas derechos”. Y si los 4 Jinetes del Apocalipsis merecían toda la atención de los despachos oficiales a la hora de garantizar su exclusivo goce de las rentas extraordinarias, el reclamo de padres y estudiantes porteños que no podían invocar otro título que su pretensión de no ser excluidos del sistema, debía y debe ser rechazada como una intromisión en un nivel decisorio al que no tienen acceso.
Otra lectura posible sería que, por más que tampoco se lo verbalice, en el conflicto agropatronal, para el Jefe de Gobierno porteño, a los reclamantes les asistía la razón. Y en este otro entuerto, la razón está de su parte. Como corolario, el que tiene razón en su reclamo puede hacer lo que quiera para llevarlo adelante. Aún actos que sean violatorios de la ley, que afecten profundamente derechos de terceros, que perjudiquen a los bienes y a la economía familiar de las personas. De las otras personas. Es decir, aquello que está objetivamente vedado se puede hacer si subjetivamente un grupo social o económico decide que es admisible en defensa de sus intereses.
La óptica PRO ante el conflicto se resume en una combinación de ambas hipótesis: Como a más poder hay más derechos, solo pueden hacer, en defensa de sus intereses, aquello que le está vedado a los demás, los grupos más poderosos. Poderío que pueden residir en lo económico, lo cultural y aún en la detentación del poder más básico: el de la fuerza.
El ejercicio de ese poder, y la legitimación de esa supremacía por sobre los intereses del conjunto de la sociedad, es precisamente lo que desde siempre caracterizó a la oligarquía argentina. De la cual Macri, más allá de toda pretensión de modernidad, no es más que un nuevo rostro emergente.
Es por ello que la aparente bipolaridad en el tratamiento de los dos conflictos, no demuestra una incoherencia en la visión del hijo de don Franco: del descontracturado “Mauricio Cafetero” al adusto “Mauricio Preceptor” existe la distancia entre la defensa del interés propio, valor indoblegable en una visión economicista y egoísta del mundo, y el interés del conjunto, que puesto en manos de este personaje descansa tan seguro como las sardinas custodiadas por el gato.
