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domingo, 21 de diciembre de 2008

Divisoria de Aguas

Me parece que utilizar herramientas similares para analizar la realidad, permite llegar, si no a entendimientos, por lo menos a comprender actitudes ajenas.

Es decir, si de pronto Pino Solanas marca, son sus palabras, "una divisoria de aguas" , respecto a una eventual alianza con la CC (Comandos Civiles) que lidera Elisa Carrió, a raíz de que "ellos votaron contra la estatización de las AFJP", estamos ante un caso en el que Pino y nosotros utilizamos herramientas comunes: ambos entendemos que en determinados momentos, y mas allá del discurso, lo que cuenta es como se vota, y votar en contra de un proyecto que termina con un sistema "jubilatorio" en el cual los únicos privilegiados son los bancos y la especulación financiera, es incompatible con la defensa de los intereses populares, por mas que se la declame.

De acuerdo. Sólo que al espacio de Pino y a su líder, la vara para medir lo que es bueno para el campo nacional y popular se le cayó de las manos en julio. Cosa que Pino y los suyos podrán comprender, utilizando similares herramientas de análisis político que las que emplean para condenar la hipocresía carrotiana.

No se puede Pino. Ni se podía en julio. Aquí un interesante análisis de Pino, previo a la noche de Cletito, respecto a la utilidad de las retenciones móviles. El resultado final lo conocemos: con extraña lógica, tras denunciar que las retenciones a la minería son bajas y que no se cobra retenciones a la pesca, Pino encontró bien que su monobloque termine votando contra las retenciones móviles sojeras.

Es así Pino, esas son cosas que dividen las aguas.

sábado, 20 de diciembre de 2008

La lucha la erotiza...






Por ahí uno se tienta a ser irónico, a comentar en tono de chacota declaraciones que moverían primariamente a la risa si uno fuera un observador lejano, sin compromiso alguno con el destino argentino. Como nos pasaría a nosotros leyendo un cable que nos cuenta que los gemelos polacos, ultraconservadores, llegaron al poder en su país luego de hacerse populares de chicos apareciendo en una película. O acerca de los príncipes de Brunei y su gusto por las esclavas sexuales europeas. Algo lejano, en fin, que motiva un comentario al pasar, y a otra cosa. Al fin estamos tan lejos y conocemos tan poco esas realidades, y aunque es válido aquello de "nada de lo humano me es ajeno", la realidad indica que valoramos de distinto modo los estropicios si son lejanos o si su impacto nos salpica.



Pero aquí no podemos alegar lejanía ni indiferencia. Y difícilmente pueda uno mantener la sonrisa a poco que piense que estas declaraciones fueron hechas por quién es, técnicamente y hasta que no se demuestre lo contrario, la principal referente de la oposición, en cuanto fue la segunda candidata mas votada a la Presidencia de la Nación, el año pasado.



Si, es cierto. Si uno lee a Elisa Carrió diciendo que "la batalla me erotiza", es probable que tengas el reflejo autodefensivo de reirse. Al fin, toda vinculación con lo erótico y esta mujer resulta tan difícil que uno piensa que es un asunto privado de ella, pero que en homenaje a nuestra salud estomacal debería cuidarse de difundir.



Pero cuando uno sigue leyendo y descubre que dijo que sería divino que Cristina Kirchner quedara viuda, la sonrisa se congela. Mas allá de que Carrió hace de la irresponsabilidad cívica un compromiso militante, hay cosas que superan la capacidad de asombro. Al final, lo dijo hace un par de días y la reacción pública ha sido casi nula. La posibilidad mala sería un estado de anestesia general, en el que alguien a quién la sociedad puso en un estadío de responsabilidad, sino funcional, por lo menos moral, pueda decir cualquier cosa sin que a nadie se le mueva un pelo. La buena sería que a nadie se le mueve un pelo precisamente porque lo dijo Elisa Carrió quién a fuerza de palabras va logrando, en términos políticos, "cavar su propia lápida" (Menem dixit). Claro que sería interesante imaginar que construcción hubieran hecho los grandes medios si cualquier figura del oficialismo hubiera insinuado la conveniencia del deceso de Elisa Carrió.



Carrió dijo todo esto, no desparramada en el diván de su analista, sino ante una audiencia calificada (y en algún sentido, incalificable): los miembros del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas los que, entre risas y aplausos, y sin pruritos republicanos, festejaron las barbaridades de su invitada.



El final incluyó un asumido compromiso: "garantizo que pueden contar conmigo para buscar cualquier salida" aunque también les pidió paciencia para no volver al 55 o al 76. Paciencia. Lo que se le pide a quién tiene un derecho que no se puede ejercer integramente de momento, pero que ya encontrará su hora. Paciencia entonces, que de ser perdida por estas buenas gentes nos llevará de nuevo al 55 o al 76. "Y bueno, perdieron la paciencia..." podrá decir entonces Carrió.



Al lado de esto, que haya dicho que López Murphy la acompañará en la provincia de Buenos Aires, o que Patricia Bullrich será su ministra de Seguridad en 2011, pueden parecer datos menores.



No se si este es un límite. En las patologías psiquiátricas, o en las avanzadas antidemocráticas, se arrollan todos los límites. Así que habrá mas, sin duda.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Las Manos en el Fuego




La ordalía, o Juicio de Dios, era un método de juzgamiento medieval, utilizado por la Inquisición. Si bien el origen era aún mas antiguo, se lo generalizó por entonces y demostró una eficacia brutal a la hora de encontrar culpables, aunque estos no fueran necesariamente los responsables de los crímenes que se investigaban. En realidad, ni siquiera hacía falta que hubiera un crimen. Pero siempre se obtenía un culpable...


De las diversas ordalías, la mas popular es aquella que ha dado origen a la tan común expresión "poner las manos en el fuego". Precisamente en sostener con las manos desnudas una barra de hierro calentada al rojo vivo, o bien en introducirlas en un recipiente con brasas ardientes consisitía la ordalía.


Si el acusado era inocente, señalaban los inquisidores, Dios impediría que sufriera daño alguno. Pero si era culpable se quemaría. Como se ve un sistema perfecto, a la medida de tales juzgadores, pues en la práctica se daban dos posibilidades: o que el reo se negara a poner las manos en el fuego, con lo que se interpretaba su negativa como admisión de culpa, o bien que las pusiera, con lo cual se quemaba, y por lo tanto era declarado culpable.


Mucha agua ha pasado debajo del puente desde entonces, pero todavía aparecen seres ingeniosos capaces de inventar sistemas acusatorios tan perfectos, en donde la propia acusación funciona como sentencia.


Entre nosotros surge aplicando similar sistema un personaje con la misma tendencia que tenían los monjes inquisidores a utilizar medios que simplifican el proceso, aún a costa de la verdad.
Si, es ella, Elisa Carrió.


Carrió ha superado el trabajoso sistema judicial y la acumulación probatoria. Ni siquiera tiene que averiguar si lo que imputa es cierto. Su método funciona igual, pues realizada la acusación, quedan dos probabilidades: que la Justicia encuentre culpable a quién ella achaca determinado crimen, por lo que ella tendrá razón, o bien que el acusado resulte inocente, caso en el cual ella acusará a la propia Justicia de corrupta y cooptada por el poder, con lo que la mediática acusadora, por si misma, determinará que su acusado es culpable.


Debemos señalar que la primera de las opciones no se ha dado hasta ahora, así que en la práctica Carrió se ha limitado a revolear imputaciones al ritmo de sus conveniencias políticas, en una práctica mas parecida a la calumnia y a la difamación que a la defensa de las instituciones y el interés público.


La acumulación de imputaciones previas formuladas por ella misma, cuando no recortes de medios tan reputados como Perfil y Urgente24, sustituirán a los elementos probatorios que acompañarán sus libelos, y en el caso en que hasta esto le resulte demasiado oneroso se limitará a copiar denuncias ajenas.


Este es el estilo de quién es "una denunciante, no una opositora" tal como la ninguneara el mismo Raúl Alfonsín al que últimamente ella sometiera al dudoso agasajo de su acercamiento con Gerardo Morales. Estilo que, también hay que decirlo, es funcional a su propio público, siempre dispuesto a creer que "son todos unos ladrones".


Por fin, creo oportuno rescatar otra similitud que emparente a la moderna Torquemada con sus antecesores medievales: su tendencia a recepcionar mensajes divinos. Y no lo digo en sentido figurado. Así como el Altísimo les explicaba las ventajas de la ordalía a los monjes juzgadores, la propia interesada deja entrever la verdad acerca de "su secreto" en una nota que publicó en el verano pasado su matutino amigo, La Nación, y que en otro contexto debería ser una pieza de gran utilidad en un eventual juicio de insanía.


viernes, 31 de octubre de 2008

Abanderada de la Tragedia

El tópico de tomar a la chacota las declaraciones de Elisa Carrió, de imaginarla recibiendo instrucciones del duende que parece tener parado en el hombro susurrándole en el oído, de inventar chistes respecto a la identidad de los seres a los que dedica guiños y miradas de costado mientras desgrana tremebundeces, en fin de minimizarla como si fuera una orate que caminara, descalza y zaparrastrosa, por las calles a la espera de quién se apiade de ella y la interne en un hospicio, es no solo inexacta sino que contribuye a trivializar a una auténtica exponente de una tragedia argentina. A la que, sin duda, hay que tomar bien en serio.

Tengo para mi, desde mi posición de lego en psiquiatría, que algunas de las conductas de Elisa Carrió lindan con la insanía. O por lo menos con algún grado de obsesión que exterioriza un trastorno mental, aunque sea incipiente. Pero no creo que su conducta pública esté impulsada por arrestos erráticos, ni que ella no sea capaz de calcular hacia donde procura ir y que medios utilizará a tal fin. Creo que se equivoca de objetivos y de medios, y que el sucesivo cambio que en ella se fue dando desde que surgió a la consideración pública como una radical contestaria de la conducción de su partido, a la que corría por izquierda, dispuesta a sumir un rol que se diría de fiscal de la república, hasta esta versión desmadrada, una caricatura de todo lo que buenamente insinuó y malamente terminó, con un continuo corrimiento a posiciones de derecha, patentiza el carácter oportunista de alguien que buscó su lugar bajo el sol en el escenario político a como de lugar y que hoy no puede ser ubicada, en realidad, ni a la izquierda ni a la derecha, no por buenas razones jauretchianas, sino porque su comportamiento solo puede ser emparentado con la práctica política por vagos lazos de acumulación personal a despecho de la institucionalidad o de la supervivencia del sistema democrático.

Y a ello me refiero cuando hablo de tragedia: esta mujer fue hace menos de un año la segunda candidata presidencial mas votada. Su apocalíptico discurso no la coloca, sin embargo, en un supuesto rol de jefa de la oposición, pues su permanente invocación a la desmesura patentiza su ausencia de vocación para canalizar sus esfuerzos opositores por los carriles institucionales: alguien que tome literalmente sus palabras no debería entender otra cosa que el llamamiento a la insurrección, desde las benévolas formas de la desobediencia civil al estilo gandhiano hasta la revuelta de sangrienta violencia. ¿Que otra cosa debería hacer una persona decente si descubre que es gobernada por Adolfo Hitler (o por Eva Braun, por caso), por Nicola Ceausescu o por algún otro de los personajes del gran guiñol que en la visión carrotiana detentan el poder en Argentina?. Es decir oposición ejercida no como contraposición de ideas distintas a las de los gobernantes, no como exhibición de planes superadores, ni siquiera como expresión de un disenso absoluto con un proyecto que se pretende vencer en las urnas, sino oposición de partisano, de maquis que luchan contra una potencia ocupante, que pone al opuesto en el lugar de la "otredad" absoluta en la que no hay lugar para ninguna expresión de algo en común, de algo que humanice al enemigo.
Y la impresión de tragedia se profundiza con cada nueva declaración que profundiza la brecha, que hace replantearse la duda en torno a si corresponde el análisis desde lo político o desde lo psiquiátrico. Es que probablemente esta expresión desquiciada, que ve en un debate acerca de retenciones agropecuarias una ocasión para anunciar el apocalipsis o en un proyecto previsional una oportunidad para mentar los trenes de la muerte del nazismo, sea también la expresión de un sector de la vida argentina, de determinados sectores sociales capaces de ver la realidad en esos términos. Lo que permite hacer abstracción de la propia Carrió persona, convirtiéndola en emergente, en abanderada de una patología social.
Uno puede calcular que agravia a designio, sabiendo que nadie la querellará para evitarle su deseada victimización. Uno puede pensar que su recurrencia con paralelos hitlerianos revela además de una falta de respeto impresionante por las víctimas de dictaduras y de genocidios reales, un notable desconocimiento de historia o una obsesión malsana con determinado capítulo de la misma. Uno puede entender que su estilo político es claramente autodestructivo porque como Penélope va destejiendo de noche lo que teje de día. Uno puede racionalmente explicarse muchas cosas. Pero no puede sino causar un profundo desasosiego que el escenario político argentino haya parido algo así.
Que lo que debiera encarnar la alternativa institucional al actual gobierno, solo sea un grito de odio profundamente antidemocrático, una propuesta a saltar a un oscuro magma de confusas visiones mesiánicas, denuncias irresponsables y magalomanía.